Un sistema vivo es un sistema dinámico complejo capaz de autorregularse dentro de unos límites definidos. Los sistemas vivos han demostrado ser muy efectivos, adaptables y resilientes. Una organización humana puede funcionar como un sistema vivo si abandona su pretensión de control, coloca a las personas en primer lugar y se abre a procesos autorregulados con mayor capacidad de escucha y de feedback, alimentados por la energía de un propósito común compartido.